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martes, 6 de junio de 2017

Mi lucha

(Adaptación de lo que publiqué para mis amigos de Facebook ayer lunes 5 de mayo de 2017)

Es la guerra (a la psiquiatría convencional)

(Por amor a la humanidad)

El sábado tuve que bloquear por whatsapp a un amigo del pasado al que se ha cargado la farmafia y su brazo armado la psiquiatría. Toma 6 pastillas al día de tres psicofármacos distintos, dos de ellos calmantes (en concreto, un ansiolítico y un antipsicótico) y un antidepresivo, pero creo que éste último sólo refuerza su egocentrismo y desapego, su puta neblina química que no le deja ver lo que le rodea ni lo que tiene dentro. Está anulado y ha caído en un bucle. Tuve que bloquearle para que no me arrastrara al puto pozo en el que lo han metido. Porque tengo memoria, y recuerdo que ha ido a peor desde que cayó en las garras de esa disciplina médica, y que esta fase, la peor, empezó cuando ya estaba sobremedicado.

(Tan en caliente estaba yo ayer, que terminé con el siguiente párrafo:)

Os odio hasta la muerte. No me esperéis. Y no se os ocurra buscarme, porque me encontráis.

(Eso sí, Harkaitz, el martes acudiré a la cita que tenemos. A mí me has tratado bien. No entiendo lo que habéis hecho con él, pero todo se puede hablar. Ya he recapacitado y estoy más tranquilo, y prefiero la evolución a la ruptura).




domingo, 14 de mayo de 2017

La humanidad suicida

ADVERTENCIA:

No miréis. No leáis. Los dos primeros párrafos del reportaje que publica hoy EL MUNDO me han cortado el rollo, me han enbajonado.

ÁFRICA

El infierno en Sudán del Sur: "Matad a las madres. A los niños. Quemadlo todo"


Soldados y milicianos rebeldes en la aldea de Thonyor, en pleno frente de batalla entre el Gobierno y la oposición de Sudán del Sur. ALBERT GONZALEZ FARRANAFP

Las matanzas y atrocidades se multiplican en la limpieza étnica que arrasa el hambriento Sudán del Sur

Mi comentario:


No parece una guerra azotada desde fuera. Es peor que eso. Es la típica guerra entre vecinos, como lo fueron los genocidios de Ruanda y Burundi en los 90; las guerras en la antigua Yugoslavia, especialmente en Bosnia, de la misma década; o la de España entre 1936 y 1939, en la que el pretexto político sirvió a muchos criminales para dar rienda suelta a lo peor de sí mismos.
Da igual quién les vende las armas. Eso es un insulto, es como decir que no les puedes dejar solos, que no son capaces de controlarse. Si yo me agarro un pedo, no le echo la culpa a Martini ni al bar, y si condujera entonces y matara a alguien, sería un asesinato. Si usara como arma un cuchillo de cocina o mi bate de beisbol, la culpa sería mía, en ningún caso de quienes me los regalaron, porque soy adulto y responsable.
De la misma manera, esta gente se está matando entre ellos. Sólo hay un matiz: ha faltado prevención. Eduquemos a nuestros hijos para que nunca más vuelva a pasar algo así aquí. Porque allí, ya es demasiado tarde. Están condenados. Pongamos nuestras esperanzas en que los supervivientes construyan un país mejor.

Dolor.