sábado, 12 de diciembre de 2015

Contra el sectarismo en política

En política, nos comportamos a menudo como en el fútbol. Como hooligans. Sin reflexión. Sintiendo los colores. Sin admitir errores propios ni aciertos del rival.
En mi caso, yo admito que seguramente votaré a Garzón o Iglesias sin haber consultado sus programas, sólo por lo que me transmiten y porque me identifico con sus posiciones. Esa identificación tiene que ver mucho con la identidad propia, con el sentirse mejor con uno mismo. Una orientación política que a menudo se hereda.
La izquierda, desde su identificación con lo progresista, suele gozar de cierta superioridad moral en la sociedad, sobre todo en ésta que sufrió una dictadura de derechas (pero de 1936 o 39 a 1975, es decir, hace cuarenta años), régimen del que la derecha siempre tiene que desmarcarse para que no le lluevan las críticas. De hecho, a menudo, basta con calificar al adversario de ser de derechas o "de lo que haga falta", como hizo Iglesias con Rivera en el debate a tres de El País, para descalificarlo por completo ante los propios. Porque a menudo se habla así, para los propios, la mayoría de los mensajes son de consumo interno, más que para tratar de ganarse al rival.
Así, por ejemplo, se acusa a Ciudadanos, que no me gusta, de no tener ideología (cuando no de ser facha), como el mayor de los descréditos, pero no sé yo si a menudo se confunde la ideología con una fe que deja poco resquicio al pensamiento propio e independiente. Es decir, que temo que ese conjunto de ideas adquiridas sea incompatible con el discernir propio y autónomo.
Como he dicho, siempre he estado rodeado por gente de izquierdas y es la corriente con la que me identifico, pero también con la que he tenido que lidiar cuando me han disgustado pensamientos únicos, fanatismos, falta de autocrítica, corrientes o mareas (por no llamarlas modas) en las que se forman coros de voces, que no de mentes, monocordes, y demás vicios adquiridos por unos y por otros (también por los de derechas).
Un amigo de derechas me dijo hace poco que todos somos meros altavoces, repetidores de nuestras respectivas facciones, que amplificamos los mensajes que nos vienen desde arriba. Yo no me resigno a ser eso. Por eso he escrito esto.
Un saludo y muchas gracias por leerme.

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